Live your Life Better

Cambio Moneda

Mostrando las entradas con la etiqueta Libros sobre relaciones sentimentales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Libros sobre relaciones sentimentales. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de septiembre de 2010

El sexo no tiene fecha de expiración








Mitos y verdades en torno a la sexualidad en la tercera edad



Mito 1: Las personas mayores no deben expresar deseos sexuales porque es signo de fallas morales o psíquicas.

Realidad: La sexualidad está presente desde el nacimiento hasta la muerte, lo que cambian son los objetivos y la forma de desarrollarla, pero la capacidad de disfrutar de esa esfera de la vida permanece intacta ya que la sexualidad no es sinónimo de acto sexual genital sino que refiere a toda la parte afectiva, emocional.



Mito 2: La variación y alteración del cuerpo físico reduce los niveles de atracción física y expresión sexual.

Realidad: Nuestra sociedad idealiza la belleza del cuerpo de los jóvenes y la asocia con atracción sexual, pero esto ignora los múltiples factores que influyen en que las personas deseen compartir los acontecimientos sociales y sexuales.



Mito 3: El hombre debe ser mayor que la mujer.

Realidad: Cuando una mujer tiene una pareja menor que ella hay un tratamiento veladamente peyorativo; si esta situación se traslada a una mujer de la tercera edad, que elige y encuentra una pareja mucho menor, el rechazo de la sociedad se hace más notorio, lo que en definitiva menoscaba la autoestima de la pareja así constituida.

Mito 4: El útero simboliza la esencia de la feminidad por la capacidad de procrear; al practicársele una histerectomía muchas mujeres pueden sentirse mutiladas o menos femeninas.

Realidad: Si las mujeres gozaban del sexo antes de la histerectomía, les será fácil seguir haciéndolo después, a no ser que la operación les sirva de excusa para no tener relaciones sexuales indeseadas o frustrantes; los estudios muestran que en general no hay cambios en el deseo sexual

Mito 5: La sexualidad cesa alrededor de los 50 años.

Realidad: La sexualidad no termina nunca; lo que ocurre es que las mujeres reciben con angustia y sensación de fracaso la llegada de la menopausia; esta situación se ve aunque en menor medida en el hombre; pero se abre una nueva etapa en la búsqueda del deseo sexual.

Mito 6: Muchos creen que ciertos alimentos y vitaminas tienen cualidades estimulantes o afrodisíacas capaces de mantener o aumentar la sexualidad.

Realidad: Lo que sí puede aceptarse es que algunas sustancias, por su propia naturaleza u origen, son capaces de surtir un efecto por el poder de la sugestión sobre las actitudes psicológicas y emocionales, que imparten al hombre la confianza necesaria para desempeñarse con eficacia.


Por la redacción de La Nación
read more...

lunes, 28 de junio de 2010

El amor no es ciego


Por la Redacción de El Comercio

Ninguna relación puede mejorar si se ignoran ciertos problemas
Desde siempre se ha dicho que "el amor es ciego" y la frase ha sido usada por muchas personas que se han destacado en varios campos como el literario, el artístico, el musical... Las películas también lo han proclamado pero, ¿es cierto o es sólo otro mito sobre el amor que no nos permite conocer lo que ese sentimiento es en realidad y, por tanto, nos impide atraer al amor verdadero a nuestras vidas?

Según la doctora Lisa Love (interesante apellido para una especialista en temas de amor), esta afirmación de que el amor es ciego quizás se refiere al hecho de que quienes se enamoran están dispuestos a no mirar ciertas cosas que les perturban de esa persona a la que creen amar y prefieren, a consciencia, hacerse los ciegos. Lisa Love es una reconocida consejera de relaciones amorosas y autora de algunos libros, entre ellos ‘Atraer el verdadero amor: 4 pasos para conseguir el amor que se desea', ‘Éxito del alma: crear júbilo y prosperidad en los buenos y malos tiempos' y ‘Meditación: el camino hacia la paz'. Ella considera que otra de las razones por las que se habla de "amor ciego" es que muchos hombres y mujeres conscientemente prefieren no conocer cómo es en realidad la otra persona en sus vidas porque, posiblemente, ese conocimiento debilitaría su capacidad de seguir amando a esa persona.

¿Cuál sería entonces el verdadero mensaje?
Si bien es cierto pudiera ser saludable aprender a evadir ciertas cosas que se ven en una relación y que pudieran perturbar el balance de la misma, la pregunta sería: ¿Estamos en realidad tratando de no verlas o más bien las ponemos en perspectiva, lo cual significa que las vemos claramente pero decidimos que dentro del cuadro total de la relación amorosa no son ciertamente los puntos más importantes sobre los que debemos enfocarnos?

"Pero también pudiera ser que sí lo sean porque muy a menudo las personas no ponen atención a ciertos problemas de la relación, puesto que, a pesar de que aparentan ser mínimos tienen el poder de destruir incluso el más fuerte de los metales o los cimientos de cualquier relación. Siendo más enfáticos, ninguna relación amorosa puede mejorar si se ignoran ciertos problemas de manera tal que los cimientos sobre los que se asienta esa unión, gradualmente se vayan destruyendo", señala la doctora Love.

En realidad, esta forma poco acertada de dejar de lado la verdad y preferir mantener la venda sobre los ojos ha creado problemas para casi todas las personas. Es la razón principal por la que el amor a menudo termina de forma trágica. ¿A qué se debe esto? Pues a que en nombre del amor no se distinguen numerosas alertas rojas que, obviamente, llevarán a problemas serios más tarde. "En esto se incluyen patrones abusivos y adictivos, manejo irresponsable de la profesión y las finanzas, evasión obvia hacia los sentimientos y necesidades de otros, patrones de codependencia y más. En lugar de generar amor, esta obstinada evasión de los comportamientos negativos alimenta la falta del amor. ¿Qué requeriría en verdad el amor en estas situaciones? Honestamente hablando, requeriría de la valentía suficiente para mirar estos comportamientos problemáticos de manera seria y directa y de forma amorosa (hacia nosotros y los demás) e insistir en que deben ser enfrentados y resueltos", asevera la doctora Lisa Love.

Sin embargo, cuando de manera consciente ignoramos la realidad y nos cegamos frente a lo que nuestros seres amados hacen, esto no es verdadero amor. Es temor. Temor a descubrir la verdad, temor a no saber cómo manejar esa verdad si es que fuese revelada, temor a quedarnos solos si es que requerimos abandonar a la pareja porque se trata de una persona que nos hace daño con su comportamiento, temor a tener que confrontar nuestros propias características carentes de amor. En todos estos casos domina el temor, no el amor. Y, cuando existe temor el amor no puede estar presente, pues ambos miembros de la pareja no pueden simplemente cohabitar porque el amor es una de las fuerzas que sobrepasa al temor.

"Lo que entonces descubrimos es que el amor está muy lejos de ser ciego y que es muy consciente. Como lo digo frecuentemente en mi consultorio, el amor requiere de una visión de 20/20. Necesita además de una gran valentía para ver claramente y cuando vemos claramente, entonces requiere de la sabiduría para amar de la forma más inteligente y poderosa a quien llega a nuestras vidas. ¿Cómo sabemos si estamos amando de una manera inteligente y poderosa? La respuesta es simple. Tenemos que desarrollar dentro de nosotros mismos y de los demás la capacidad de amar. Esto, sin embargo, requiere de un conocimiento real de lo que significa el amor, algo que iremos aprendiendo mediante nuestro propio descubrimiento del verdadero amor. Así que pongamos de lado y de una vez por todas a ese mito del amor ciego, de manera tal que -finalmente- podamos invitar al verdadero amor a ser parte de nuestras vidas y a que ingrese en nuestro ser de forma total y consciente", manifiesta la experta.

Un interesante estudio sobre el polémico tema
Una investigación realizada por el University College de Londres y publicada por la revista NeuroImage, en mayo del 2004, sugiere que una vez que una persona estrecha relaciones con otra, reduce la capacidad de analizar su comportamiento y de evaluarlo correctamente, lo que condiciona la capacidad de construir relaciones afectivas sobre bases sólidas.

De ese análisis se sacó una conclusión que manifiesta que las personas que se enamoran o tienen hijos están sometidas a procesos emocionales y afectivos que limitan su capacidad de criticar el comportamiento de los seres queridos.

Según los autores de la investigación que fue conducida por Andreas Bartels, el amor romántico y el maternal son fundamentales para la perpetuación de la especie y el cerebro, en tales casos, es el árbitro de los mecanismos inhibitorios, necesarios para asegurar que las madres quieran a sus hijos en cualquier circunstancia y que los amantes perpetúen sus relaciones a pesar de cualquier defecto eventual de sus parejas. Esta investigación explica, además, el enorme poder del amor en la especie humana, capaz de desactivar incluso los aprendizajes relacionados con la evaluación social y las emociones negativas para, de esta manera, asegurar la estabilidad de las relaciones afectivas.
read more...

jueves, 25 de marzo de 2010

La convivencia en pareja

Recomendaciones para trabajar una relación saludable


“¿De qué modo una pareja que se jura amor eterno pasa a profesarse odio infinito?”. Con esta pregunta comienza sus reflexiones acerca de la convivencia en pareja, el sociólogo bonaerense Sergio Sinay.


En su libro “Vivir de a dos” (Editorial Del Nuevo Extremo), el argentino analiza en base a su propia experiencia y a la de hombres y mujeres que han solicitado su orientación, lo que intenta ser una respuesta para tal interrogante.

“Todo es efímero (...) Sin embargo, desde que somos humanos, la búsqueda del encuentro y la complementación amorosa es lo único permanente”. ¿Qué hace, entonces, que dos personas que se profesan amor, se pierdan en el camino y opten por desechar una relación de convivencia?

Para el autor, el pilar de todo está, obviamente, en el amor. Sin embargo, hace hincapié en recordar que por mucho que su búsqueda sea algo inherente en el ser humano, no prescinde de él para mantenerse en el tiempo. “El amor no es parte de la Naturaleza, no preexiste en ella: es una creación de quienes aman”, asegura, y profundiza en un tema no menor, como lo es la entrega al otro y, por ende, el autoconocimiento que se debe tener de uno mismo para dar lo mejor de sí.

“Hablar de amor es hablar del otro. Hablar del otro es hablar de mí: Yo y tú son conceptos que sólo existen enlazados y referenciados el uno con el otro”. (...) “El desencuentro amoroso que aparece tan presente hoy en las relaciones afectivas tiene su origen en una precaria percepción del otro, del tú. Y eso, a su vez, nace en una conciencia limitada del mundo interior, del yo. Cuanto menos me conozco, menos te conozco (...) El amor es conocimiento”.

Dicho de otro modo y según el autor, no es la otra persona la que debe saber cómo amarnos, sino que es uno quien tiene que enseñarle a querer del modo en que cada quien lo necesita.


Un viaje con razón de ser


“Vivir con otro es un camino, no un punto de llegada”, dice Sinay, convencido, al igual que la mayoría de los que viven en pareja, de que una relación fructífera y sana no se da por arte de magia, y mucho menos cuando la rutina del día a día y la compenetración que vivir bajo un mismo techo entrega, van formando algunos obstáculos que deben ser superados para que la unión llegue a buen puerto: “ése en donde un yo y un tú se encuentran y se dan razón y sentido”.

Para esto, el autor entrega algunas pistas, entre ellas lo que llama “los tres niveles esenciales de la convivencia”.

El primero corresponde a la interacción de las coincidencias, y se refiere a “aquel en el cual nos adaptamos el uno al otro con simplicidad y naturalidad, como si hubiéramos estado destinados desde siempre a encontrarnos y convivir (...) En él no hay discordancia ni desacuerdo”.

El segundo, al de las diferencias complementarias, que son aquellas que se dan cuando a un miembro de la pareja, por dar un simple ejemplo, le desagrada mucho cocinar, pero no le molesta lavar los platos, mientras que al otro, le gusta preparar algunos platos y prefiere no lavar ninguno. Este tipo de comportamiento enriquecería la relación, aunque en menor medida que las diferencias acordables, que son, según explica Sinay, las “discrepancias que pueden generar un espacio de trabajo, transformación y consolidación para la pareja”, a través de la voluntad y el compromiso.

En resumidas cuentas, se trata de formas de actuar que molestan al otro, pero que son comprendidas por quien las realiza y, al ver que daña su relación, intenta cambiarlas, haciendo que el punto de desencuentro se convierta “en un punto de partida para un trabajo común”.

“Cuando esta dinámica de reforma a partir de una divergencia se hace habitual en una pareja, deviene en un campo de poderosa fertilidad (...) Es natural que entre dos personas, distintas de por sí, se vayan registrando, como parte de la vivencia común, diferencias y asimetrías que molestan. (Pero) en tanto haya instrumentos y predisposición para trabajar en su armonización, esas diferencias no significarán el fin ni el rompimiento de algo, sino su enraizamiento a través de una tarea amorosa”.

Sin ocultar que existen diferencias incompatibles que terminarán por hundir una unión, Sinay asegura que la preocupación por trabajar en estos puntos que señala garantiza una relación saludable. Puede sonar difícil de llevarlos a la práctica sin algunos traspiés en el camino, pero el mismo autor recuerda que los seres humanos tienen el don de la adaptación, ¿por qué entonces no aplicarlo con el ser amado?


Fuente: El Mercurio de Chile
read more...