No se sabe quién uno es hasta que no se sufre por amor… ¿Un falso dejado
o un livin’ la vida loca? Descúbrelo
“La única vez que mi esposa y yo tuvimos un orgasmo simultáneo fue
cuando el juez firmó los papeles de divorcio”, dijo Woody Allen.
Mientras que del otro lado del sentimentalismo, Jennifer Aniston ha
recordado su quiebre matrimonial con Brad Pitt, señalando: “Me convertí
en una Bridget Jones, me tumbaba en el suelo de mi casa y comía helado
sin parar”.
Dicen que la vida adulta no comienza hasta
que se experimenta la separación con alguien. “A partir de ese momento
se aprende que ése es el juego del amor cuando llega a su final. No
existe el común acuerdo aunque se llegue a un acuerdo en común. Siempre
hay alguien que deja y otro que es dejado”, comenta Esther Feldman,
autora argentina de libros como “Amados y amantes”, en su nuevo trabajo
“Rupturas” (Grijalbo).
Conciente de que bajo un mismo
hecho, un quiebre amoroso, la naturaleza humana enseña personalidades
bastante variopintas, Feldman decidió recopilar historias de una de los
episodios más tristes que cualquier corazón cruce en su vida, y que saca
a relucir partes de una que a veces sorprenden gratamente, u otras que
hunden más en la tristeza.
“Este libro está inspirado en
la historia de una mujer que me escribió para contarme el más triste de
los abandonos. La dejó su amante. Y es la variante más triste porque es
la única que no se puede llorar”, comenta la autora antes de asegurar
que no se sabe quién es uno hasta que no sufre por amor y no se es parte
de ese grupo, el políticamente correcto, el que siempre es víctima de
las vicisitudes románticas, los dejados. ¿Quién eres tú?
1.-
Los eternos abandonados: Durante su relación, vieron a su
pareja como si fuera un dios, vivieron por y para ella. Aún así, los
dejaron, y para la suerte del dejador, él o ella guardará silencio
mientras escucha las razones de por qué la relación se ha acabado y se
alejará, esperando secretamente que su ahora ex, lo/la llame para
aclarar y arreglar todo. Pero tras meses de espera y constatar que él o
ella no volverá, entrará en un profundo luto y entrará en un espiral de
venganza. Sin embargo, no hará nada más que hundirse. “No hay manera de
que un eterno abandonado mueva una sola de sus fichas. Simplemente
porque cree que no las tiene. Se siente tan vacío e incapaz, que piensa
que cualquier cosa que haga será para peor. Por ende, no hace nada”,
comenta Feldman, quien clasifica esta especie de dejado como un
“heridanarcisistus in eternum”.
2.- Los livin’ la
vida loca: Una vez que la separación es un hecho, la autora
describe a este dejado como uno de los que no se queda en la casa, “ni
de los que se deprimen, y mucho menos de los que tratan de ser
reaceptados”. Jamás se les verá dando pena comiendo en exceso ni ebrios,
recordando cuál era la canción favorita del ex. “Esta clase de dejados
hace honor a su nombre y se dedica a vivir la vida loca. Bajan de peso,
cambian de vestuario (...) Se van solos de viaje y se dedican a
experimentar con todas las sustancias permitidas y prohibidas que se
pongan en su camino”, dice Feldman. Están radiantes y, al parecer, no es
sólo por pose.
3.- Los insistentes: Con
ellos no existen las sutilezas que no demuestren cuán interesados están
en su ex. Ellos quieren dejar en claro que su objetivo es estar con su
anterior pareja y para eso se agarrarán firmemente de la cotidianeidad
que tenían, haciendo llamadas periódicas y marcando presencia en eventos
importantes de la vida del otro. El objetivo es que su ex sepa que
están ahí para cuando se den cuenta que separarse fue un error. Son los
reyes de los que logran las cosas por cansancio. “No tienen pudor, ni
autoestima, ni hacen cálculos”, cometa la escritora. Simplemente,
mantienen su amor y esperan estoicos.
4.- El
falso dejado: Se trata de hombres y mujeres cobardes que, para
no cargar con culpas posteriores, hacen lo que esté a su alcance para
que sea la otra persona la que termine con ellos. Para eso, hay signos
claros que Feldman describe para reconocer a este tipo de parejas. De
partida, son pasivo-agresivos, entiéndase esto como alguien que suele
“agredir al otro con una sonrisa, sin levantar jamás la voz y haciendo
que el otro parezca algo así como un loco que ve fantasmas donde no los
hay”. El falso dejado sabe lo que le molesta a su pareja, y lo hace; no
discute y hasta encuentra la razón cuando le hablan de los problemas en
la relación, aunque nunca se hace cargo de lo conversado, así que no
cambia.
5.- Los negadores: No importa
que encuentren a su pareja con las manos en la masa (con otra persona,
en la cama y sin ropa), o que la relación vaya en caída libre hacia un
pantano de recriminaciones, indiferencia, y hostigamiento. Para ellos,
todo está bien porque no ven los problemas, haciendo del lema “no hay
mejor ciego que el que no quiere ver”, su forma de vida. Es sumamente
difícil terminar con ellos, ya que aseguran estar pasando por el mejor
momento con su pareja y, de verdad, creen que es así. Incluso son
capaces de mantener unilateralmente una relación que hace meses acabó,
comprando cosas para dos, dejando intactas las fotos de pareja en la
casa y sin comentarle a nadie que ahora vive solo/a y que su ex está con
otra persona. Aún así, sienten culpa si les atrae alguien, porque creen
que están engañando a su anterior pareja.
6.-
Los perdedores seriales: Feldman los describe como personas que
“no buscan parejas acordes a sus necesidades, a su forma de vida o a su
nivel socioeconómico. (...) Se equivocan por exceso o defecto. (...) Se
enamoran de lo que no son y que en algún lugar les gustaría ser; pero
como no se puede escapar a la propia naturaleza, esa diferencia termina
arruinando a la pareja”. Suele tratarse de personas obsesivas, que de
mayor colecciona fracasos amorosos. Sabe que una relación no tiene por
dónde resultar, pero aún así se lanza a la aventura que, como las otras,
terminará mal. Generalmente viven la reciente ruptura con la misma
intensidad dramática que la primera que tuvieron en sus vidas.
7.- Los dejados románticos: “Primos cercanos de los
eternos abandonados, este tipo de dejados se escapa de la literatura y
los boleros para dedicar su vida a esperar el regreso de su amor”,
comenta la autora, para detallar la personalidad de este ser que, en
mitos, es representado por el que espera en el puerto el regreso de ese
amor del que no sabe si se quedó a vivir en otra ciudad o está siendo
digerido por un tiburón. Él o ella espera, no más, mientras, en este
presente ingrato, se agarra con uñas y dientes a la esperanza que le
permite seguir viviendo: su amor volverá. Curiosamente, Feldman afirma
que encontró más casos de mujeres en esta categoría.
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