Sonó el despertador en La Pampa y en Sudáfrica despertó el mejor jugador del mundo. Sí, vestido de albiceleste. Aquellos que ponen en duda la capacidad Messi para liderar a los apóstoles 'del Diego' podrían revisar su primera media hora ante Nigeria. De sus arrancadas en diagonal con balón cosido a la bota, de su primer toque y continuidad con Tévez y al sobrepasado Higuaín -en el denominado tridente de D10s- brotó verdadero fútbol, lo mejor de Argentina. [Narración y estadísticas: Argentina 1- Nigeria 0]
El 'liberado' puso dos goles cantados que Higuaín despilfarró casi en boca de gol. Y él mismo, en un par de disparos tocaditos y también en un par de manos a mano, probó la elasticiad gatuna del meta nigeriano Enyeama hasta convertirlo en el mejor de los suyos. La mejor noticia para Maradona, trajeado impecable, ya se produce desde el inicio: Messi está y de Messi hay que esperarlo todo. Argentina gana tiempo. Ahora hay otro debate: Higuaín o Milito. Porque Argentina no supo cerrar el partido pese a estar diez cuerpos por encima del músculo africano porque Higuaín estuvo sobrepasado por la importancia del momento.
Fue un arranque, el argentino, de los que se sienten favoritos ante un grupo nigeriano de potencia sin control. Menos pausa y cabeza, y excedente de toneladas de entregas al contrario por los águilas negras, como si el balón les fuera ajeno en las posiciones de la verdad.
Todo lo bueno que hizo Argentina giró alrededor de su astro sol. Messi, liberado por Maradona, barrió el frente de ataque por donde le vino en gana. Lo mismo tirá atrás y pide la pelota por el medio para construir por el centro. Y allí, como San Pedro, él pone la primera piedra. Lo mismo arranca como un diablo desde el costado en sus inimitables diagonales y se mete hasta la cocina. O termina él, o inventa el pase de la muerte para que Higuaín fallase. Y eso, que la historia de sus diagonales está muy vista por los enemigos. Qué complicado es frenar con pelota dominada al mejor jugador del mundo. Sólo Mourinho sabe bien cómo hacerlo.
El tridente de Maradona no es fijo, sino de continuo intercambio de posiciones de los tres. Inventó Argentina, o mejor dicho Messi, un par de acercamientos casi mortales -los errados por Higuaín-, hasta que en la salida de un córner, Heinze entró solito y en plancha, como tren de mercancias, para colocar potente de formidable cabezazo y en la escuadra el 1-0. Pronto, muy pronto.
Después, 20 minutos más madera hasta que se durmió el asunto bajo total control de Mascherano y Verón. De Di María, pocas noticias, irrelevancia pura. Las ocasiones: las ya mencionadas que finalizaron con un Higuaín en la duda y los disparos teledirigidos de Messi desde la frontal. Ya se abre otro debate en Argentina: Higuaín o Milito tras la tarde errática del madridista, incapaz de firmar una de las que tuvo.
Pero más allá del juego inventado por el fenómeno de Rosario, el grupo de Diego no mostró demasiada lucidez para derribar una defensa nigeriana lista para ser volteada. Si a Higuaín siempre le tembló la pierna en la hora de la verdad, Di María sigue de vacaciones, mientras que Tévez es por ahora el único que anima las arrancadas del genio. Tampoco la envejecida defensa albiceleste es un muro. Con una caraja de impresión, como sesteando, la tropa africana del sueco Lagerback la metió en apuros casi por inercia en acercamientos puntuales al melenudo Romero en la segunda parte. Jonás Gutiérrez, recolocado lateral para dar más profundidad en la derecha, tampoco tuvo su día. Y los mariscales de zaga, Demichelis y Samuel, tampoco desarrollaron toda la autoridad necesaria ante unos desordenados atacantes africanos sin mucha chicha.
El caso es que Messi, disperso en la puntería ante Enyeama, impropio de un macho alfa de su categoría, hizo que Maradona gane tiempo para ajustar el diapasón de una Argentina que tiene que tomar más vuelo. Reconoció D10s la víspera que la albiceleste está un 6,5 sobre diez. Tiempo al tiempo. Toda Argentina espera.
Fuente: El Mundo.es

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