No las quiero asustar, pero si sus hombres les salen con cuenticos en la cama para evadir un polvo, como que están cansados y estresados, aburridos porque perdió el equipo, mareados porque tomaron de más o preocupados por el impacto que en la movilización global y las comunicaciones tienen las cenizas del volcán Eyjafjallajokull, créanles la mitad.
Según una encuesta de la Asociación Española de Salud Sexual y la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva, el 52 por ciento de los participantes, todos mayores de 35 años, reconoció haber inventado excusas como esas para evadir el sexo.
Aclaro: tener siempre ganas y estar dispuestos para el aquello no es una obligación, pero desde la prehistoria los polvos de los hombres y su rendimiento en la cama han sido ejes fundamentales de su masculinidad.
Así que si las evasivas se repiten con frecuencia, es mejor empezar a considerar que les puede estar pasando una de dos cosas, que son incapaces de reconocer: que están usando su equipamiento en otra cama o que su 'mejor amigo', por la razón que sea, se niega a funcionar.
Eso se infiere de otro resultado del serísimo estudio español. Según sus investigadores, nueve de cada diez encuestados aseguró haber recurrido a excusas por la vergüenza que les da confesarles a sus parejas o a sus médicos que su asta no levanta ni para saludar.
Esto los preocupa y los deprime en grado sumo. Ellos aceptan con más facilidad una bancarrota, que los boten del trabajo o que les roben el carro (que es su tercer testículo), a que alguien intuya o insinúe si quiera que son impotentes.
El problema es que también les cuesta vernos como una ayuda y no como unas censoras. Es más, nos concedieron el papel de auditoras de su 'performance' en la cama, y se les olvidó que a nosotras también nos llena, nos gusta y nos excita sentirlos tranquilos y a gusto.
Soluciones hay, señores. Están inventadas. También las conocemos. Así que sin pena hablen con nosotras; quién quita que tengamos el remedio a la mano.
Ganas nos sobran de ayudar. No saben lo felices que nos hace disfrutar juntos en la cama. Hasta luego.
ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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